Thursday, November 27, 2014

Una respuesta al Dr. Cuauhtémoc Medina

Parte 1 ¿A quién le pertenece este texto? Y ¿qué dice este texto?


Debo decir que estoy sorprendido y decepcionado por su carta del 24 noviembre, 2014, Dr. Medina, titulada "Carta a un anarquista: Sobre la Política de la desorientación." Mientras que el tono literario es algo ciertamente difícil de precisar, me parece que usted está adoptando lo que podría describirse como una postura paternalista. Realmente no me importa lo suficiente para ofrecerle citas exactas de su gramática, sintaxis y dicción con el fin de convencerlo de la exactitud de mi lectura sobre el tono de su texto; sin embargo, yo creo que es prudente sugerirle a usted, que, como alguien en una posición de poder, tanto dentro de la universidad de la cual soy estudiante, como en la cultura en donde está considerado como un importante y respetado académico y crítico, tal vez debería tener cuidado con el fin de no aparecer como un padre regañando a un niño petulante. O tal vez eso no le molesta.

Tal vez usted está de acuerdo con mi evaluación del tono de su carta. Tal vez estaba tratando de parecer despreocupado o chistoso. Tal vez leí mal. Supongamos, sin embargo, que no estamos de acuerdo en esto. Supongamos que usted piensa que su tono es ecuánime, amable, y que escribió con rigor académico. Y digamos que el texto me resulta autoritario, condescendiente, y académicamente descuidado. ¿Quién tiene razón? ¿Podríamos los dos tener razón? ¿Es usted, como el autor empírico del texto, dueño de ese texto? ¿Su opinión acerca de su texto es mas, o menos, o igual de importante que mi opinión, como el intérprete de su texto?

Estas son preguntas complicadas. Podríamos hablar de esto en detalle desde los puntos de vista de varios autores que seguramente conocemos y disfrutamos. Estoy seguro de que tendría usted mucho que enseñarme. Tal vez yo tendría algo que enseñarle también. Pero eso realmente no es el punto aquí. Lo que importa aquí es que en su carta, usted dedica un número significativo de palabras con el fin de aclarar lo que quería decir, sus intenciones, en el post de Facebook al que me referí en mi ensayo Yo Soy Anarquista. Me gustaría ver de cerca algunas de esas palabras. Pero en primer lugar, y perdóneme por adoptar el mismo tono y regresarselo, me gustaría decir: esto podría decepcionarle, pero yo no me intereso, en lo más mínimo, de lo que usted piensa acerca de lo que escribió. No tengo acceso a usted, o sus pensamientos, o su moral, o sus intenciones. Lo único que tengo es un texto situado en un contexto social, político e histórico particular. Todo lo que diga después de eso, es simplemente otro texto en otro contexto. Eso no puede tener nada que ver con mi lectura original; sólo puede crear nuevas lecturas de ambos textos juntos.

Según mi entendimiento, su argumento en contra de mi interpretación asciende a: eso no es lo que quiso decir, o para ser más preciso, eso no es lo que hizo. Sus palabras exactas fueron:
Permítame con todo respeto que me detenga a hacer un ligero reproche. En efecto, toda la sutileza que usted tan amablemente me atribuye termina cuando usted cree que yo hablaba de los anarquistas. No lo hice: [...]
Concedo con mucho gusto que no tenía usted la intención de hablar de lxs anarquistas, tal vez la palabra nunca pasó por su mente cuando eligió una frase que podría referirse a cualquier número de personas equivocadas, o confundidas o desorientadas. Pero pensemos en esto por un segundo. ¿Ha usted usado la frase, “activistas desorientados,” en un contexto en donde se podría pensar razonablemente que quiso decir “leninistas”, o “católicos”, o “rusos”? No. Obviamente no. Su post se publicó, en la Ciudad de México el día 21 de noviembre a las 3:30 de la tarde de este año, y se refiría a los acontecimientos (a los cuales, incidentemente, fui testigo) que se produjeron la noche anterior. Entonces a quienes estaba usted refiriendo, cuyas tácticas traicionan el movimiento? Sus palabras de nuevo:
... y sobre todo a una masa muy importante de jóvenes que en los últimos meses han adoptado un culto por la acción directa que no necesariamente se debe a alguna clase de afiliación de ideas, sino a su desilusión por toda clase de forma de mediación política ...
Tal vez dentro del MUAC no leen un montón de periódicos. Pero déjame decirle lo que los medios de comunicación y la "sociedad civil" llaman a estas personas a las que usted se refiere: anarquistas. Si usted quisiera, yo podría, con gusto, recopilarele una lista de artículos en la prensa mexicana en las horas y días siguientes a los acontecimientos del 20 de noviembre, y algunos de los últimos dos años, que culpan a lxs anarquistas por ésta y otras acciones. Pero creo que ya sabe esto.

Obviamente, usted lee los periódicos. Sólo me estaba divirtiendo un poco con usted, regresandole el tono de su carta. Se lo prometo, sin embargo, que esta es la última vez. No more fun. Porque, en realidad, la situación aquí es muy grave. Y con la palabra “aquí” me refiero tanto a México como a esta conversación. Me atengo a mi lectura de su texto. Admito que, tal vez, usted no estaba pensando en el sentido que un tonto post de Facebook podría tener (admito, es un poco absurdo dedicar esta cantidad de palabras a eso). Pero lo que hizo usted en ese párrafo es peligroso aunque se esté refiriendo a los rusos, a los anarquistas o cualquier persona con un fetiche para la acción directa "violenta". Llámele a estos “jóvenes desilusionados” como quiera. En el contexto histórico y espacial específico de su post, dudo que cualquier persona razonable, de carácter "moral", habría adivinado que se refería a algo o alguien que no sea “los anarquistas”. Pero ese no es el problema. El verdadero problema es su actitud fundamentalmente moralista, esencialista y autoritaria.

Permítame compartir con usted parte de lo que un amigo mío escribió sobre su pequeño post de Facebook: “Estoy muy lejos de pensar que pertenezco a un grupo que por pacífico o ‘razonado’, deba considerarse como uno de avanzada o como el moralmente autorizado para sugerirle formas y modos a la protesta. Pero, a pesar de todo, me parece terrible llamar traidores a quienes realizan estas acciones.”

Este es el problema. Esta es la estructura racista y clasista a que me refería. Permítame decir esto, como usted dice, en bruto. Usted define rígidamente una posición moral basada en la pureza de pensamiento y acción. A continuación, usted define rígidamente a un grupo que no cumple con esos criterios y llama a sus acciones, si no a ellos, traición. Ya sea que se refiriera a anarquistas o rusos o católicos o judíos o a quien sea con los que usted no este de acuerdo, no importa ni un poco.

Curiosamente, no ha defendido este argumento. ¿Por qué no? ¿Usted sostiene lo que dijo de estos activistas desorientados y de la autoridad moral de usted mismo y otra gente razonada? Estos anarquistas, o cualquier desorientado, están llevando a cabo acciones traidoras y por tanto ¿son inmorales? ¿O meramente son tontxs y confundidxs? ¿Es este tipo de pensamiento con el cual usted cree que deberíamos crear un mundo justo? Tal vez lo es. Si es así, yo no quiero ser parte de esa justicia ya que es la “justicia” con la cual vivimos actualmente.


Parte 2 En donde podríamos coincidir, un poco.


Cuando usted re-presenta su argumento, como usted dice, menos sutilmente, [empezando en el cuarto párrafo con “Voy a abandonar la sutileza...] casi llego a estar de acuerdo. Estoy de acuerdo que debemos pensar en términos de táctica y estrategia, con poco o ningún interés dado a etiquetas o ideologías (en el sentido más literal de la palabra, no el sentido pos-marxista). Su ejemplo de que la decisión de algunos grupos estudiantiles de interrumpir en el funcionamiento del aeropuerto en desafío a un proceso democrático representativo fue un error estratégico. Estoy totalmente de acuerdo. Una marcha convocada con la intención de bloquear un aeropuerto internacional importante, un elemento clave en el funcionamiento de la economía, tenía poca o ninguna posibilidad de éxito. Yo hubiera exhortado a esos grupos a reconsiderar. Sin embargo, ¿con qué autoridad iba yo, o usted, o quien sea, decirles que no pueden, por su propia voluntad soberana, tomar las medidas que consideracen necesarias y adecuadas dadas las condiciones inmediatas que ellxs identifican como importantes? Simplemente optaron por retirarse voluntariamente de un acuerdo en el que habían entrado voluntariamente.

Vamos a suponer que usted tiene razón al decir que las acciones de estxs atípicxs causaron, o por lo menos justificaron, la violencia desatada por el Estado; vamos a suponer que esto es un hecho empíricamente verificable, una proposición cuestionable, pero que así sea. Si el objetivo es evitar que estos "activistas desorientados", estos "aventureros" (sus palabras de nuevo), realicen una actividad que, en este caso, usted y yo estamos de acuerdo en que es un error táctico y estratégico, entonces ¿cómo es la mejor manera de actuar?

¿Cree usted que la creación de una jerarquía moral es eficaz para disuadir a un grupo que tiene decidido ejercer su derecho a la acción autónoma? Si usted me grita, o simplemente me dice, que lo que estoy haciendo es moralmente malo, y yo cuestiono o rechazo la base de su posición, ya es el fin de la historia. ¿Qué más se puede hacer? Nada menos que la violencia y la coacción. ¿Y cuál es el resultado de cualquier manera, independientemente de si estoy o no dispuesto a asentir a la "autoridad moral”? Se toma un aliado en la lucha y se enajena del proceso. Su posición Dr. Medina, en esa pequeña nota en su página de Facebook, trabaja en apoyo al Estado. Nos fractura y nos aísla.

Pero hay otras maneras de abordar los conflictos. Por ejemplo, en el caso muy particular de la acción del aeropuerto, ¿que pasaría si decimos: "Compañerxs, respetamos su derecho de actuar por su cuenta. Y en caso de que ustedes decidan hacer esto, ustedes lo harán sin nosotrxs. Pero, si ustedes esperan hasta que la asamblea se ponga de acuerdo sobre un plan de acción, se propone la siguiente estrategia con las siguientes tácticas, que creemos tienen una alta probabilidad de éxito. ¿Cómo ven si organizamos una marcha pacífica hacia el aeropuerto en el que, en un momento dado, un contingente de encapuchados se enfrentará a los granaderos mientras que el resto de nosotrxs nos retiramos? En ese momento un contingente de ocupantes llegará al aeropuerto en metro y metrobús con maletas llenas de material para formar barricadas en los puntos de seguridad del aeropuerto. De esta manera se interrumpirá de forma incremental y pacífica el funcionamiento del aeropuerto. Al mismo tiempo, la marcha pacífica en la calle se disolverá y llegará en pequeños grupos autónomos, por todas las vías posibles, a la terminal que ya se encuentra ocupado. Los encapuchados continuarán creando perturbaciones en intersecciones claves en las vías de acceso al aeropuerto distrayendo, al menos a parte de, los policías que podrían ser utilizado para desalojar el terminal ocupado?”

Si lxs inconformes con el proceso democrático deciden hacer su acción de todos modos, es un fracaso para todxs. Pero, es mucho más probable convencerlxs de lo contrario al proponer una estrategia que respeta sus deseos para el grupo y su derecho a la autodeterminación. Y de cualquier manera, no los has alienado; y, más importante, son más propensos a participar en futuras acciones como socixs. Sé que esto funciona como resultado de años de praxis con colectivos organizados en principios anarquistas. Puede que este conocimiento no sea suficientemente real en la academia, pero lo es en la calle. 

Tristemente, como mi texto original mostró, estamos muy lejos de esto ahora mismo. Lo que hemos creado es un movimiento de resistencia, fracturado y desconfiado, en contra a lo que sólo se puede describir como un infierno desatado por un narco-Estado. Esxs jóvenes comprensiblemente "desorientados", que podrían haber sido aliadxs de los movimientos sociales por la paz y la justicia, están aisladxs y llenxs de rabia e impotencia. Dejemos de decirles que son malxs. Vamos a decirles que lxs necesitamos. Ellxs van a hacer lo que ellxs piensan que es mejor y correcto independiente de lo que el resto de nosotrxs digamos. Así que tratemos de respetarlxs y ver si nuestros planes pueden coincidir, de vez en cuando.

Dr. Medina, quizá no he podido convencerlo. Pero, espero, que usted pueda ver unas pocas áreas en las cuales nosotrxs, y todxs lxs interesadxs, podríamos ser capaces de encontrar causa común.

Parte 3 Chucherias. Preguntas y respuestas.


1     Usted me platica, a lo largo de unos párrafos, de su opinión sobre mí, y el, anarquismo, la forma en que es anticuado y ya no se aplica en el siglo XXI, etc., y también como usted no está interesado en aquél. Usted dice que podría yo estar decepcionado. No lo estoy en lo más mínimo. Pero, esto sí me plantea algunas preguntas: ¿Qué tanto sabe usted de la praxis y teoría actual anarquista? ¿Y por qué debería importarle a alguien su opinión (aunque sea una opinión importante y respetada) sobre algo que no le interesa? Así, en lo que tiene que ver con el anarquismo, pongámonos de acuerdo que si no le importa o no sabe de él, y que a mí no me importa su opinión acerca de algo que ni le interesa ni conoce, y como, sin duda, a usted no le importa mi opinión acerca de un tema nada interesante para usted, que debemos nunca jamás hablar de ello de nuevo. ¿Qué le parece?

2     Usted plantea algunas preguntas en su carta; aunque pienso que son sarcásticas y retóricas, que usted realmente no buscaba una respuesta, me gustaría responder.

¿Por qué le importa tanto el problema del
reconocimiento de "los anarquistas" por los demás, es decir, por nosotros?

No me preocupo por eso en lo más mínimo. En ningún lugar en ese ensayo estoy diciendo que usted, o cualquier persona, debe reconocer que existen lxs anarquistas. Simplemente estoy diciendo que nadie debe caricaturizar y falsificar nuestra existencia con fines políticos.
En el caso de que usted me quería preguntar sobre lo que de hecho escribí, una respuesta a la táctica de scapegoating, yo respondería que es importante porque: 1) Es divisoria y peligrosa. 2) Como he mencionado anteriormente, si su objetivo es frenar y controlar el uso de la acción directa por parte de los que usted cree son activistas desorientados, o bien va a tener que matarlos, encarcelarlos o hablar con ellos como iguales, como si tuvieran el mismo derecho de participar en la vida cívica que usted tiene. Si usted, o quien sea, les dice que paren porque son malos, ¿cree que van a escuchar?

¿Por qué piensa usted que las creencias políticas de nadie son un
asunto que a los demás nos incumbe?

Obviamente, no me importa lo que alguien piensa acerca de las creencias políticas de cada uno. Tal vez usted no vio la estrategia política y retórica de mi pequeño ensayo. ¿Cuál podría ser el punto de decir "yo soy un anarquista" y a continuación describir algunos detalles personales sobre lo que eso significa, y cómo se siente, y cómo se utiliza la palabra en la cultura? Permítame ofrecer una respuesta sencilla y precisa. El punto es cuestionar y contradecir tanto la tergiversación de los anarquistas en el imaginario cultural, así como las estructuras tóxicas funcionando en ese imaginario. Tal vez usted llamaría esto una estrategia anticuada que no se aplica en el siglo XXI. Tal vez es así, pero funcionó bastante bien allá por los años 90, cuando yo, y otrxs de la misma mentalidad, recuperamos palabras como queer,
faggot (maricón), slut (putx), dike y spic.

3     Dr. Medina, me reprocha usted por no citar una línea en el párrafo que critico. Tiene usted razón. La excluí. Pero no porque la frase le exonera de mi crítica, como usted sugiere. La excluí porque es confusa y se acerca al absurdo; y, francamente, mi ensayo nunca fue sobre usted. Tengo muy poco interés en señalar la extrañeza de algunos de sus escritos y argumentaciónes. Pero como me reprochas, permíteme decir que explico esta decisión, aquí.

4     Por último, debo aclarar que, ya que lo ha mencionado usted, declararme un anarquista no constituye una identidad. Es sólo parte de una táctica retórica que empleé con el fin de crear un diálogo necesario e importante. Y funcionó. Gracias, Doctor Medina, por su participación.


Así, para cerrar, sólo quisiera decir que ya no soy un anarquista. Solo odio cuando la gente abusa de su poder, sobre todo cuando ni siquiera se da cuenta.









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